La Soledad de Humala


De Carlos Melendez, El Comercio.
El presidente Humala debe comprender que lo más difícil está por venir. En un año ha quemado muchas naves y transita una soledad política preocupante. Nunca tuvo partido y los cuadros que lo prepararon por más de cinco años fungen ahora de oposición. Los asientos asignados para su familia –su cuna ideológica–aguardan vacíos. Es por eso que Nadine Heredia no solo es su consejera y operadora política, sino también su único soporte afectivo, su paño de lágrimas, el hombro donde se apoya al final de la jornada.

Las casi dos horas del mensaje presidencial fueron un homenaje a la soledad. Evidenciaron la ausencia de asesoría política, de una mano que hiciera menos obvio el copy-and-paste de los informes sectoriales. Fue un discurso fragmentado, de cifras vacías, en el cual los primeros logros se confundían con las promesas y las buenas ideas no terminaban de graduarse de proyecto político. Así, el primer año se consagró como aprendizaje, cuando pudo haber sido de iniciativa, que imprimiera el sello de esta gestión.

Durante el desfile militar siguió padeciendo de la incomodidad de quien no se acostumbra al poder. Dos momentos simbólicos: primero, cuando pidió acercar la silla de la primera dama para el intercambio de confidencias, al alcance de un gesto de cariño. Segundo, cuando cantó el himno de la Escuela Militar de Chorrillos, emocionado por encontrar en medio de tantas presiones la posibilidad de un fugaz retorno a su identidad primaria. Ese breve canto marcial fue, quizás, su momento más genuino en este aniversario patrio.

Los años que se vienen serán más duros. Tienen el objetivo de otorgar legitimidad social al modelo de crecimiento económico. Ahí la dupla Castilla–Trivelli tiene la misma responsabilidad de los ‘Cuatro Fantásticos’ de la selección de fútbol para clasificarnos a la inclusión social. Esa sinergia de economistas y ‘policymakers’ se convierte en la base de apoyo ante la escasez de pesos políticos. El ritmo acelerado de desgaste ministerial amenaza con lastimar el equilibrio que permite que el ‘establishment’ confíe en el comandante pragmático.

Pero la peor de las soledades es aquella que se vive en medio de la multitud. Humala ha pasado a sobrepoblar la centroderecha, dejando vacío el espectro zurdo. Ello trae una consecuencia que debería quitarnos el sueño: la pugna entre actores políticos, desde progresistas mesurados hasta radicales neosenderistas, por ocupar la representación política de la bronca y la insatisfacción. Quien sobreviva a este ‘reality’ político entre Movadef, Conare y Pukallacta, se convertirá en el Gran Hermano antisistema que queremos evitar. Por el momento, Humala todavía está en capacidad de ser la represa de las caudalosas corrientes del movimiento social.

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