Proyecto de presupuesto 2013.


El gobierno ha enviado al Congreso y luego sustentado en el hemiciclo del Legislativo el proyecto del Presupuesto del 2013. En cifras gruesas. El Ejecutivo señala que los ejes presupuestales son un mayor impulso a los programas sociales, la descentralización, gobernabilidad y reforma del Estado. El presupuesto asciende a 108 mil millones de soles y significa un crecimiento del 13,5% con respecto al que se ejecuta este año. El aumento implica 39% más para los programas sociales, 20% para la Seguridad Ciudadana y Defensa Nacional, 720 millones para la Reforma Magisterial y 1.330 millones de soles para el incremento de remuneraciones del personal activo y cesante de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional.

El parlamento tiene el plazo constitucional que vence el 30 de noviembre para aprobar este instrumento básico para la gestión del Estado y el desarrollo. El actual modelo de formulación del presupuesto, heredado de los años de la crisis y la escasez, conspira contra la elaboración de un proyecto más participativo y menos dirigista, de modo que desde hace varios años no es posible incluir en él enfoques de equidad y de ordenamiento territorial concordados con los Objetivos del Milenio, junto a las variables macroeconómicas. En ese punto también se precisa una reforma en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) el principal asignador de recursos del Estado.

A este desfase de estándares se debe, por ejemplo, que se sugiera el incremento del presupuesto para dos sectores importantes, Educación y Salud, en rangos de 7,4% y 4,6%, respectivamente, lejos de la oferta electoral de Gana Perú de destinar al sector Salud un incremento del 0,5% del PBI cada año hasta llegar al 8%. En el presupuesto de este año se le incrementó a este sector 0,5% del PBI y se propone un aumento de 0,15% para el 2013. Sucede lo mismo con Educación donde existe el compromiso del Acuerdo Nacional, suscrito por todos los partidos políticos, para incrementar cada año 0,25% del PBI hasta llegar al 6%.

Fuente: La Republica

  1. #1 por Paul el 20/09/2012 - 10:16

    La relación de los gobiernos central y regionales.
    de Augusto Alvarez Rodrich la republica 20 de Agosto de 2012

    El gobierno del presidente Ollanta Humala ganaría mucho, desde su propio interés y el del país en su conjunto, si enfocara su relación con los gobiernos regionales pensando en el bosque y no solo en la rama del árbol que le molesta.

    No lo está haciendo, lamentablemente, pues, con frecuencia, parece decidir según el problema más notorio en vez de hacerlo según lo que está ocurriendo con la mayoría de administraciones regionales.

    En este sentido, el gobierno se enreda cuando decide pensando solo en Gregorio Santos sin darse cuenta de que al menos veinte colegas de él tienen una actitud distinta.

    El presidente Humala ya debiera saberlo. Cuando, hace unos meses, Santos planteó su vacancia en una plaza de Cajamarca, más de veinte presidentes regionales fueron inmediatamente a Palacio a respaldarlo.

    La mayoría de presidentes regionales está, cada uno con su estilo, interesada en atraer inversión pública y privada a partir del convencimiento de que esa vía permite elevar la calidad de vida de su gente.

    Ese es, precisamente, el motivo de las reuniones que están sosteniendo, en Lima, los presidentes regionales entre ayer y hoy en el marco de la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales.

    A pesar de ello, el gobierno central, con la complicidad del Congreso y de algunos medios miopes, está insistiendo en iniciativas de confrontación pensadas para contrarrestar a Santos pero malogrando la vinculación con las dos decenas de presidentes regionales que sí quieren trabajar con el gobierno central.

    Por ejemplo, iniciativas legislativas para meter presa a la autoridad regional que bloquee una carretera –olvidando que para eso ya está el código penal–, u otras para que el Congreso pueda interpelar y censurar a un presidente regional.

    En las regiones están ocurriendo procesos muy importantes. Por un lado, inversiones privadas cada vez más relevantes en busca de oportunidades que acaban beneficiando a la ciudadanía. Por el otro, un creciente poder político debido, en parte, a que cada nueva promoción de presidentes regionales es mejor que la previa.

    Una expresión de ello es que, hace poco, dos presidentes regionales no le aceptaron a Humala dejar de serlo para convertirse en presidente del consejo de ministros, seguramente por el recuerdo de lo mal que terminaron los dos que antes dieron ese paso –Federico Salas y Yehude Simon– y, también, porque se percataron de que es mejor ser cabeza de ratón que cola de gabinete manejado por Nadine Heredia.

    El presidente Humala debiera darse cuenta de que los presidentes regionales pueden ser sus aliados si él deja de verlos como sus enemigos.

  2. #2 por Paul el 21/09/2012 - 06:10

    El Presidente interviene para evitar crisis en la inversión pública
    Editorial de la Republica 21 agosto 2012
    El Presidente de la República ha resuelto llevar a cabo una supervisión personal de la ejecución de la inversión pública del gobierno central. La saludable medida adoptada por el jefe del Estado busca evitar una caída pronunciada en el nivel de gasto del Ejecutivo y va en auxilio del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la institución del Estado encargada de ese seguimiento en los últimos 20 años.

    Varios especialistas señalaron en días pasados sobre el riesgo de que el retraso de la inversión pública conduzca a que este año el gobierno deje de gastar 10 mil millones de soles. Ese saldo no ejecutado se agregaría a los 30 mil millones de soles destinados a la inversión en el presupuesto del 2013. En ese sentido, el país estaría al borde de una crisis de distribución caracterizada por la disposición de recursos que, no obstante, no pueden ser invertidos, especialmente en áreas sensibles relacionadas con las demandas de inclusión y equidad. Hace bien el mandatario en intervenir para atajar o minimizar esa inminente crisis.

    Según el Reporte Fiscal de agosto, la inversión del gobierno central entre enero/agosto de este año ha caído 30% con respecto al año anterior. En cambio, las regiones han logrado gastar en similar período el 48% más que el año pasado y los municipios el porcentaje envidiable de 95% más.

    La razón del desfase no se puede atribuir a los montos. En términos globales, las regiones han aplicado a las inversiones más de 3 mil millones de soles, los municipios más de 6 mil, en tanto que el gobierno central ha invertido 4 mil. El comportamiento de los gobiernos subnacionales ha sido en ese rubro ejemplar. El Callao ha incrementado su porcentaje de gasto hasta en cuatro veces, Amazonas en tres y otros como Apurímac, Ayacucho, Huánuco y Lambayeque y Puno más que duplicado. En tanto, en el gobierno central la caída en la inversión pública en el período enero/agosto de los sectores Transportes, Educación, Vivienda y Energía es preocupante.

    Las cifras mostradas no son coherentes con el discurso tradicional que subestima y cuestiona la capacidad de gasto de las regiones y municipios. Resulta que en el primer caso, estando en la tercera generación de gobiernos regionales se ha podido establecer un sistema más óptimo en el uso de recursos a pesar de las restricciones en las competencias y desembolsos, y la rigidez del SNIP. En el caso de los gobiernos locales es tangible que pudieron asimilar el cambio cuantitativo y cualitativo operado en la transferencia de recursos desde Lima en la última década.

    ¿Qué pasa en el gobierno central? El problema no reside en las normas que el MEF dice que se esperaban para agilizar el gasto porque sin ellas se ha invertido en ritmos mayores los últimos años. La traba parece ser la subsistencia de un sistema construido para restringir el gasto y trabar la ejecución que se ha revelado como perniciosa con el incremento de recursos disponibles. Solo así se explica que el antiguo Ministerio de Obras Públicas, reconvertido ahora en Transportes y Comunicaciones, exhiba ahora tan pobres resultados. El resto lo hacen el recurso humano dogmatizado en el credo del ajuste perpetuo, la excesiva rotación de funcionarios de alto nivel y la devoradora presencia del MEF que recauda, programa, autoriza, planifica y niega; el dicho reza: el que mucho abarca poco aprieta.

  3. #3 por Paul el 21/09/2012 - 12:21

    (Editorial de El Comercio) Doble o nada

    El presupuesto público aumenta sin que mejore la calidad de los servicios estatales
    La semana pasada se presentó en el Congreso el Presupuesto General de la República para el 2013. La cifra: más de S/.108 mil millones, 13,5% mayor a la presentada como inicial para el 2012. Juan Jiménez, el primer ministro, mencionó que “el presupuesto que presentamos está articulado al planteamiento general del Gobierno [que busca] el cierre de las brechas sociales, brindar servicios básicos y priorizar recursos para la inclusión social”.

    Este aumento no es excepcional, pues lo mismo sucede todos los años. De hecho, el monto del presupuesto de apertura presentado para el 2013 es 138% más grande que el del 2006, año en el que García asumió su segundo mandato constitucional. Y si tenemos en cuenta el presupuesto modificado, encontramos que la diferencia es de 149%. Es decir, el dinero disponible que tendrá todo el aparato estatal en el 2013 será dos veces y medio lo que se disponía en el 2006.

    A simple vista, pareciera natural y razonable que el presupuesto aumente si el Perú en general tiene más recursos a raíz del buen desempeño de la economía. Pero lo cierto es que el Estado no debería cobrar más si eso no se traducirá en una mayor calidad de los servicios que nos presta. ¿Desde qué punto de vista tiene sentido pagar más para recibir lo mismo o incluso menos?

    Exploremos, por ejemplo, lo que sucede con la seguridad ciudadana. Tomando como referencia el Anuario Estadístico de la PNP para el 2010 (dado que es el más reciente disponible), se observa que las denuncias aumentaron de 153.055 en el 2006 a 181.866 en el 2010; es decir, un aumento de casi el 20%, que nos ha llevado a que en el Perú se realicen más de veinte denuncias policiales por hora. Este aumento es aun más grave en el caso de las denuncias realizadas ante la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Dinincri): 11.693 en el 2006 contra 40.539 en el 2010 (246,7% más). Por otro lado, en el 2006 se robaron 10.428 vehículos; mientras que en el 2010 se robaron 15.179. Así, por lo menos en temas de prevención del delito, el aumento de presupuesto claramente no ha supuesto un mejor servicio.

    El Banco Mundial nos provee también de información sobre otros servicios estatales que vale la pena revisar. Por ejemplo, en lo que toca a salud, nuestros hospitales tienen el mismo número de camas desde el 2007 (1,5 por cada 1.000 habitantes) y desde el 2006 los casos de tuberculosis, si bien han disminuido ligeramente, aún se presentan en más de 100 casos por cada 100.000 personas. Asimismo, el trabajo del Estado en temas ambientales deja que desear, pues no podemos olvidar que entre el 2006 y el 2008 las emisiones de CO2 aumentaron de 1,27 a 1,42 toneladas métricas per cápita, mientras que el consumo de energía basada en combustibles fósiles aumentó de 68,9% del total en el 2006 a 73,4% en el 2009.

    La lista, en fin, continúa. Pero no sorprende que no se mejore cuando las asignaciones presupuestales no se encuentran efectivamente atadas al éxito en el desempeño de la burocracia que administra los recursos. De hecho, basta ver que en promedio entre el 2006 y el 2011 la ejecución presupuestal apenas superó el 80% para darnos cuenta de que el aumento casi inercial de lo presupuestado no tiene lógica.

    Doblar el presupuesto no ha devenido en doblar la calidad de los servicios que brinda el Estado. Por eso, ya es hora de que el Gobierno empiece a acostumbrarse a planificar su presupuesto sobre la base de indicadores mensurables. Nadie niega que al menos se están realizando esfuerzos por implementar cada vez más el presupuesto por resultados, pero queda claro que lo avanzado no es suficiente.

    Deberíamos ser capaces de exigirle al Estado que si dobla su presupuesto, doble también la calidad de sus servicios. No es justo que le entreguemos nuestro dinero como si fuera una timba, en la que se duplica la apuesta y solo del azar depende que se duplique también nuestra ganancia.

  4. #4 por paul el 07/10/2012 - 15:29

    Doble o nada Editorial de El Comercio Octubre 7 de 2012
    El presupuesto público aumenta sin que mejore la calidad de los servicios estatales
    La semana pasada se presentó en el Congreso el Presupuesto General de la República para el 2013. La cifra: más de S/.108 mil millones, 13,5% mayor a la presentada como inicial para el 2012. Juan Jiménez, el primer ministro, mencionó que “el presupuesto que presentamos está articulado al planteamiento general del Gobierno [que busca] el cierre de las brechas sociales, brindar servicios básicos y priorizar recursos para la inclusión social”.

    Este aumento no es excepcional, pues lo mismo sucede todos los años. De hecho, el monto del presupuesto de apertura presentado para el 2013 es 138% más grande que el del 2006, año en el que García asumió su segundo mandato constitucional. Y si tenemos en cuenta el presupuesto modificado, encontramos que la diferencia es de 149%. Es decir, el dinero disponible que tendrá todo el aparato estatal en el 2013 será dos veces y medio lo que se disponía en el 2006.

    A simple vista, pareciera natural y razonable que el presupuesto aumente si el Perú en general tiene más recursos a raíz del buen desempeño de la economía. Pero lo cierto es que el Estado no debería cobrar más si eso no se traducirá en una mayor calidad de los servicios que nos presta. ¿Desde qué punto de vista tiene sentido pagar más para recibir lo mismo o incluso menos?

    Exploremos, por ejemplo, lo que sucede con la seguridad ciudadana. Tomando como referencia el Anuario Estadístico de la PNP para el 2010 (dado que es el más reciente disponible), se observa que las denuncias aumentaron de 153.055 en el 2006 a 181.866 en el 2010; es decir, un aumento de casi el 20%, que nos ha llevado a que en el Perú se realicen más de veinte denuncias policiales por hora. Este aumento es aun más grave en el caso de las denuncias realizadas ante la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Dinincri): 11.693 en el 2006 contra 40.539 en el 2010 (246,7% más). Por otro lado, en el 2006 se robaron 10.428 vehículos; mientras que en el 2010 se robaron 15.179. Así, por lo menos en temas de prevención del delito, el aumento de presupuesto claramente no ha supuesto un mejor servicio.

    El Banco Mundial nos provee también de información sobre otros servicios estatales que vale la pena revisar. Por ejemplo, en lo que toca a salud, nuestros hospitales tienen el mismo número de camas desde el 2007 (1,5 por cada 1.000 habitantes) y desde el 2006 los casos de tuberculosis, si bien han disminuido ligeramente, aún se presentan en más de 100 casos por cada 100.000 personas. Asimismo, el trabajo del Estado en temas ambientales deja que desear, pues no podemos olvidar que entre el 2006 y el 2008 las emisiones de CO2 aumentaron de 1,27 a 1,42 toneladas métricas per cápita, mientras que el consumo de energía basada en combustibles fósiles aumentó de 68,9% del total en el 2006 a 73,4% en el 2009.

    La lista, en fin, continúa. Pero no sorprende que no se mejore cuando las asignaciones presupuestales no se encuentran efectivamente atadas al éxito en el desempeño de la burocracia que administra los recursos. De hecho, basta ver que en promedio entre el 2006 y el 2011 la ejecución presupuestal apenas superó el 80% para darnos cuenta de que el aumento casi inercial de lo presupuestado no tiene lógica.

    Doblar el presupuesto no ha devenido en doblar la calidad de los servicios que brinda el Estado. Por eso, ya es hora de que el Gobierno empiece a acostumbrarse a planificar su presupuesto sobre la base de indicadores mensurables. Nadie niega que al menos se están realizando esfuerzos por implementar cada vez más el presupuesto por resultados, pero queda claro que lo avanzado no es suficiente.

    Deberíamos ser capaces de exigirle al Estado que si dobla su presupuesto, doble también la calidad de sus servicios. No es justo que le entreguemos nuestro dinero como si fuera una timba, en la que se duplica la apuesta y solo del azar depende que se duplique también nuestra ganancia.

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