¿Vendedores de piedras?


Editorial de El Comercio

El Perú es un país cada vez más industrializado, entre otras cosas, gracias a nuestros negocios extractivos

Es harto frecuente escuchar que el Perú es un país simplemente exportador de materias primas, lo que supondría que nuestro modelo económico no fomenta la industrialización, el desarrollo de tecnología y la creación de valor agregado en los productos. Algo así como que nos limita a ser meros vendedores de piedras.

Afortunadamente, basta con mirar un poco a nuestro alrededor para darnos cuenta de que esa idea está bastante alejada de la realidad. El año pasado, por ejemplo, el Perú exportó US$700 millones en máquinas y equipos para la minería y hace unos días el director de exportaciones de Prom-Perú anunció que este año las empresas peruanas proveedoras del sector minero exportarán por US$1.100 millones. Este impresionante nivel de ventas se dirige principalmente a países de la región como Chile, Ecuador, Bolivia, Costa Rica y Panamá, pero se espera que en los próximos años se expanda a Estados Unidos y Europa.

Lo que este ejemplo muestra no es solo que es mentira que el volumen de nuestra exportación de materias primas nos está impidiendo industrializarnos (al hacer que le confiemos todo al negocio extractivo), sino que existen incluso casos en que nos estamos industrializando precisamente gracias a nuestra exportación de materias primas. El ‘know-how’ y la tecnología que hemos desarrollado en esta industria metalmecánica como para poder ser competitivos en todos estos países jamás lo hubiéramos podido desarrollar sin nuestra industria minera.

El ejemplo también muestra cómo no es cierto que en economía existan compartimientos estancos: cualquier sector que crece y genera riqueza necesita –y puede pagar– cada vez más insumos de otros sectores. La receta del desarrollo, pues, tiene mucho que ver con dejar simplemente que la locomotora que uno tiene más potente naturalmente haga su trabajo y jale a lo demás.

La verdad, pues, es que detrás de cada lingote de oro no solo se encuentra una minera, sino una larguísima cadena de otros empresarios que le brindaron a esta todo lo que necesitaba para sacar el mineral del subsuelo y transformarlo en una valiosa barra. Hoy por hoy, por ejemplo, las industrias peruanas que abastecen a las mineras fabrican bolas de acero, mangas de ventilación, tanques, fajas transportadoras, barras calibradas, pinturas, artículos de seguridad, explosivos, entre muchos otros productos. Y eso, sin olvidarnos de los cientos de servicios como asesorías tecnológicas, financieras, ambientales, legales y de tantos otros tipos que también se utilizan para posibilitar el trabajo de una minera.

La industrialización del país, por lo demás, no solo se vincula a las actividades extractivas. Las exportaciones de sectores no tradicionales que agrupan a la manufactura, la agroindustria y la industria de la pesca para consumo humano cerraron el 2011 con exportaciones por aproximadamente US$10.000 millones, monto que equivale a todo lo que el Perú exportaba en el 2003. Es decir, una suma similar a lo que lográbamos venderle al mundo ocho años atrás entre harina de pescado, petróleo, metales y otros recursos. Y, solo por tomar otro ejemplo, las exportaciones de la industria de la manufactura química pueden llegar a fines de este año a ser tan importantes como las del sector textil.

Pero quizá lo que mejor muestre cómo se está modernizando la economía peruana y que su sostenibilidad no depende exclusivamente de los recursos naturales es que la mayoría (el 63%) de la producción del Perú se concentra en servicios, como ocurre en países del Primer Mundo como Estados Unidos con 79%, Japón con 72% y Francia con 77%.

En suma, quienes ven al Perú como un país cuyo modelo económico lo condena a ser eternamente un simple “vendedor de piedras” pueden respirar tranquilos. Entre otras cosas, porque es también gracias a que vendemos piedras que nos estamos industrializando.

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  1. #1 por v.regional el 25/09/2012 - 06:50

    Perú: APEC 2016
    Ricardo Romero Talledo
    rromero1@hotmail.com
    La semana pasada recibimos una excelente noticia, que consiste en que en el 2016 el Perú será sede de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) por segunda vez. Lo increíble de esta decisión es que entre la primera que organizamos en el 2008 y la segunda hay solo 8 años de diferencia, lo cual es muy poco tiempo considerando que dicho foro cuenta con 21 miembros y que supuestamente éstas se realizan bajo un esquema de rotación.

    Este encargo significa que en el 2016 el Perú asumirá la presidencia del APEC. ¿Qué significa esto? Un reto histórico para el país, en el que durante un año se llevarán a cabo reuniones de todo tipo en diversas ciudades, incluyendo la organización de la Cumbre de Líderes. Esto representará una movilización impresionante de cientos de visitantes como funcionarios públicos, empresarios, representantes de organizaciones no gubernamentales, empresariales y académicas, prensa, así como a los líderes de las 21 economías que forman parte del APEC.

    Después de haber estado vinculado al APEC por cinco años y de haber participado en numerosas reuniones del foro por la parte empresarial, incluyendo cuatro Cumbres de Líderes, tengo una idea bastante clara de lo que representará para el Perú ser anfitrión del APEC en el 2016 por segunda vez. El despliegue logístico, de seguridad y de recursos humanos que se necesitarán, así como la infraestructura hotelera, el transporte terrestre y aéreo, entre otros, serán de tal magnitud y complejidad, que se requiere comenzar a trabajar desde ahora para asegurar su éxito.

    Aparte del evidente reto, liderar el APEC en el 2016 también constituye una real oportunidad para posicionar al Perú en el centro de la atención mundial, pero primordialmente, como el eje principal entre la región y el Asia-Pacífico. En tal sentido, se hace indispensable formular un plan de acción que nos permita consolidar nuestra imagen en el mundo y potenciarnos como destino atractivo para las inversiones y como un socio comercial estratégico.

    No hay que olvidar que los 50 millones de soles que se gastaron para la cumbre del 2008, fue la mejor inversión que hayamos podido hacer para difundir una imagen de país que mira hacia adelante y con futuro. La cumbre fue la campaña de promoción del Perú más exitosa, la cual debemos superar en el 2016, y de la cual debemos construir. El desafío es más grande de lo que imaginamos, por lo que debemos evitar a toda costa comenzar la organización a última hora como estamos acostumbrados. Hay mucho en juego, principalmente la imagen del Perú hacia el mundo.

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