POSTDATA DESDE MACHU PICCHU


Mario Soto Venegas, Abogado, ex Director de la Revista Laboral Chilena

Estuve en Perú, diez días: En Lima, Cusco y Machu Picchu. La capital de Perú me sorprendió por su belleza, dinamismo y, en especial, por su cordialidad. No la esperaba tras tanta información sobre el juicio en La Haya y sus derivados nacionalistas de hostilidad mutua. Se nota que los limeños se sienten bien en su ciudad y les gusta mostrar sus adelantos. Cuidan sus barrios que destacan por el respeto a su arquitectura histórica y disfrutan de sus limpias plazas y mercados.
En el comercio, las tiendas chilenas nos sorprenden
por la concurrencia masiva de clientes. En todas
partes sobresale la simpatía de los limeños para todos
los turistas y a nosotros, los chilenos, nos tratan con
amabilidad especial, preguntándonos de qué parte del
país somos. No falta quien nos dice que tiene parientes
trabajando en Chile.
Todo este ambiente responde, a mi entender, a una
etapa de desarrollo no tan solo económico, sino también
a una cierta tranquilidad social y política. Tienen los
mismos problemas nuestros, pero con la diferencia de
que los están enfrentando en un escenario de respeto
y tolerancia.
Se sienten seguros de su futuro respaldado por sus
siglos de historia.

Y a propósito de historia, visitar el Cusco es volver
a leer las páginas de epopeyas y leyendas que nos
hablan de descubrimientos y conquistas. Cada calle
es un testimonio de una gesta que no se olvida ni
menos se destruye. Nos identificamos con sus crónicas
y descripciones. Los relatos que nos hacen los guías
de turismo, nos emocionan y nos unen en su tradición
y folclor.
Si a todo lo anterior se une Machu Picchu, el viaje
se transforma en una experiencia donde el pasado y
el futuro se unen a la permanente inmensidad de la
naturaleza. La visión de la ciudad sagrada es imborrable
y la unidad del hombre con su devenir histórico es un
bálsamo espiritual que impacta.
En esas divinas cumbres los hombres nos vemos
pequeños. Si pudiéramos emprender el vuelo desde allí
y mirar la ciudadela desde las alturas, entenderíamos
mejor la necesidad de superar los traumas nacionales.
Comprobaríamos, como Neruda, que todos somos
hermanos.

Anuncios

, ,

  1. Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: