Negocio rentable es la invasion de terrenos


Arequipa, Lotes invadidos en Apipa cuestan desde S/. 3,000. Según los planos de esta asociación, el área que se observa debería ser destinada a parques y jardines. Es el límite entre el Sector 11 y 12. Negocio fácil. Arequipa es una ciudad que ha crecido cancerosamente por las invasiones. La crónica ofrece datos reveladores. Este negocio lo empuja una mafia. Los dirigentes pueden cuatriplicar sus ganancias. Los terrenos se cotizan hasta en S/. 15 mil. Depende de los servicios básicos y de transporte.

María Chauca Castillo. de La Republica

Arequipa.

Usted tiene que hacer su cuartito y dormir, dice Juliana, una invasora dedicada al tráfico de terrenos en el Cono Norte. Así se inicia la negociación para conseguir un lote en el Sector 12 de la Asociación Parque Industrial Porvenir Arequipa (Apipa), en el límite entre Cerro Colorado y Yura. Aquí se ofrecen tierras al mejor postor. Solo hace falta dinero y poner cara de incauto para que un invasor salga a ofrecer su ilegal dominio.

Juliana me ofrece un lote de 140 metros cuadrados a 3 mil soles y al contado. La única garantía que da para saber que el terreno es mío, es que el delegado de la manzana inscribirá mi posesión en su cuaderno de registro. No hay constancia de adjudicación ni mucho menos título de propiedad.

“Es que recién estamos instalados, pero pronto tendremos todo, inclusive las combis pasarán por acá”, me asegura Sandra, hija de Juliana, como para animarme a comprar el lote.

Debo dormir allí desde el primer día y todos los días en adelante. De lo contrario no me garantizan que regresando, el terreno recién adquirido me pueda ser arrebatado por otros usurpadores.

Apipa compró al Estado 552 hectáreas en el Cono Norte, en 1984, para implementar un gran parque industrial, con áreas urbanizables, de comercio y artesanía. Desde entonces no han hecho nada. Según los planos del proyecto, el Sector 12 está destinado para áreas verdes y de recreación. Fue tomado por los traficantes hace trece meses.

Toda esta zona es una de las más apetecidas por los invasores, luego de que el Gobierno Regional de Arequipa empezara a construir la autopista a La Joya hace cuatro años, cuyo trazo pasa muy cerca.

Los invasores escogen fechas festivas para perpetrar sus fechorías, especialmente los feriados largos o en Año Nuevo, en que los jueces y autoridades municipales no trabajan.

NEGOCIO redondo

Un dirigente invasor puede cuadruplicar su ganancia en menos de cinco años. Si el metro cuadrado en una asociación de vivienda en el Cono Norte costaba 50 soles hace 10 años, hoy se cotiza por encima de los 100 dólares, según testimonio de los mismos usurpadores.

No actúan por una genuina necesidad de vivienda. Es la forma como se ganan la vida. Los invasores pertenecen a varias asociaciones, en distintas partes de la ciudad, donde tienen entre dos y tres terrenos. Dependiendo de la zona, cuesta más mientras más cerca esté a una pista o avenida principal.

Bastó con preguntar en una tienda de abarrotes y techo de calamina, para conseguir un vendedor de lotes. Juliana promete rebajar el precio del lote si regreso. Por estos días, gente de mal vivir está apostada en los cerros cercanos, vigilando que no venga la fuerza pública para desalojarlos. Hasta tienen binoculares.

Viven a la expectativa. El miércoles 13 de marzo, los propietarios de Apipa se enfrentaron a un grupo de usurpadores, con el saldo de un muerto y varios heridos. Desde ese día han montado guardia las 24 horas.

Además de dormir todas las noches en el terreno, Juliana explica que debo asistir a todas las reuniones de coordinación, además de pagar el “servicio de vigilancia” que contratan para cuidarse de un desalojo. A veces acuerdas faenas comunales, como vigilias. El resto del trabajo consiste en resistir y esperar una oportunidad para formalizar la posesión del predio.

Bajo esta misma modalidad funcionan las invasiones en otros sectores de la ciudad como Alto Selva Alegre, Paucarpata, Socabaya, y en zonas periféricas o cerca a irrigaciones como San Camilo, Chiguata, Yarabamba y Quequeña.

¿Tiene un terrenito más grande y mejor ubicado? le pregunto a Juliana. “No señorita, todo está lleno. Tiene que apurarse porque hay varias personas que quieren comprar”, responde con naturalidad. ß

“El problema no es solamente la invasión sino las autoridades”

El fiscal de Prevención del Delito, Gino Valdivia, aseguró que en la actualidad existen 3 puntos en la ciudad vulnerables a las invasiones: uno en el Cono norte, en los terrenos ubicados en los laterales de la carretera Arequipa-La Joya. El 2do. punto es en el sector de Chiguata y el 3ro. los que están en las irrigaciones de San Camilo, a los costados de la carretera Arequipa-Mollendo.

Indicó que el problema no es solamente la invasión, sino la forma en que actúan las autoridades al entregar constancias o certificados de posesión para los invasores.

“Muchas veces son los propios traficantes los que se acercan a las fiscalías de Prevención del Delito con las constancias expedidas por el gobernador o los juzgados de paz, sin que exista esa posesión. Nosotros hemos denunciado a esos gobernadores.”

PRECISIONES

Una de las zonas que más preocupa a los pobladores de Apipa es la que está destinada a la construcción de un hospital (18 mil m2 invadidos entre los sectores 4 y 6).

El 80% de los terrenos invadidos en general pertenece al Estado, el otro 20% a particulares.

El congresista Marco Falconí presentó un proyecto de ley con sanciones drásticas contra los invasores. El pleno del Congreso lo aprobó el año pasado, pero fue observado en el Ejecutivo.

EN CIFRAS

1,237

lotes tiene Apipa para vivienda. Todos a la fecha están vendidos.

03

zonas de invasión: San Camilo, Cono Norte y Chiguata

15,000

soles puede costar un terreno invadido cerca a la pista.

,

  1. #1 por v.regional el 31/03/2013 - 08:30

    Fierro y cemento. No tienen planos bien estructurados y se utilizan materiales de baja calidad. Construcciones se concentran sobre todo en San Juan de Lurigancho, Puente Piedra, Carabayllo y Villa El Salvador.

    Geraldine García.

    Es miércoles 27 de marzo y doña Nelly Flores ya está desde muy temprano, trepada en su cocina, ajetreada en la preparación de un riquísimo seco con frejoles con ensalada criolla. El refresco de maracuyá está listo desde hace un día, y las cervezas esperan, heladitas, en el refrigerador.

    Los maestros constructores ya le tocaron la puerta, puntuales, a las 6.00 a.m., y de inmediato realizan los últimos toques al encofrado de madera que debe acoger el vaciado del concreto. La máquina mezcladora ya está instalada y en breve llegarán las 100 bolsas de cemento.

    Para doña Nelly y su familia es un día de fiesta porque cumplirán uno de sus sueños: el techado de su ansiada casa.

    Así como esta familia, existe en el país un auge autoconstructor que alienta las ventas de materiales y genera empleo, pero que no es bien visto por los empresarios formales del sector.
    En el Perú, la oferta inmobiliaria no cubre el creciente déficit de vivienda, que la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) estima en un millón 200 mil al año.

    Frente a esa latente necesidad, muchos peruanos ven la forma de suplir la carencia de la vivienda, edificando inmuebles de manera informal, muchas veces sin licencia de construcción, sin supervisión profesional, sin planos bien estructurados o la construcción con materiales de baja calidad. Y de ese tipo de viviendas se levantan 50 mil al año en el Perú.

    Durante el 2012 se registraron poco más de 45 mil de ese tipo de vivienda, estimó Francisco Aramayo, presidente del Comité General de Proveedores de Bienes y Servicios de Capeco. La cifra es relevante al saberse que en el Perú se edifican, en total, entre 110 mil y 120 mil nuevas (formales e informales), lo que compromete una presencia de casi 50% de viviendas informales, al no contar con terreno saneado, licencia municipal, supervisión técnica, declaración del predio, entre otras razones.

    “Hoy en día existe gran demanda y recursos financieros viables, pero hay una alta carencia en la parte normativa, de terrenos con acceso a agua y desagüe a un precio accesible, para que las empresas inmobiliarias puedan desarrollar sus proyectos”, agregó Aramayo.

    Más autoconstrucción

    En tanto, al no existir un claro plan de desarrollo urbano que sostenga la entrega de terrenos en buenas condiciones, cerca de dos millones de personas –desde maestros de obra, inversores empíricos hasta amas de casa–están inmersas en la actividad autoconstructora.

    Tal es la situación que el 3,6% del Producto Bruto Interno (PBI) del país lo concentra la autoconstrucción, según un estudio de Arellano Marketing, lo que permite deducir que US$ 7.200 millones es lo que mueve aproximadamente este tipo de edificación.

    A simple vista las cifras son cuantiosas, sin embargo uno de los problemas no tomados en cuenta por la alta demanda es la falta de calidad en la construcción, ya que por lo general se realiza con materiales de bajo costo, de baja calidad y producidos por empresas informales.

    Uno de los productos más vulnerables en esta actividad es el ladrillo, en su versión informal.

    “En estos ladrillos el contenido de la materia prima no es homogéneo, al haberse adquirido en varios lugares, al no contar con cantera propia; a ello se suma la falta de resistencia del producto y la heterogénea temperatura del horno que da como resultado filas de productos no estandarizados”, dice Alberto Chara, gerente de Ladrillos Lark.

    Es así como los ladrillos guindas, amarillos y rojos (menos de su color habitual), abundan en las paredes y techos de muchos hogares peruanos, producidos por 127 (informales) de las 150 empresas ladrilleras que operan en el país (entre artesanales, mecanizadas, semimecanizadas, etc). Y como existe mucha demanda por atender, llegan a facturar informalmente S/. 250 millones anuales.

    Ante un eventual sismo, las casas o departamentos trabajados con estos materiales se fraccionarán al primer ‘sacudón’, advierte Chara.

    Panorama actual

    Entre 70 mil y 80 mil casas se edifican a través de la autoconstrucción, y un 70% está en Lima, registrándose un crecimiento de 15% anual. Se debe indicar que el 50% se caracteriza por carecer de calidad. La mayoría se ubica en San Juan de Lurigancho, Puente Piedra, Carabayllo, Villa María del Triunfo y Villa El Salvador.

    El resto de las edificaciones se ejecutan a través de los programas de viviendas y de la oferta inmobiliaria de las grandes constructoras.

    Por otro lado, como en el caso de doña Nelly, el 65% de las obras son lideradas por mujeres. Una alta proporción de propietarios incentivan la autoconstrucción (73%) al sentirse motivados en mejorar lo suyo y dejar un legado. El 57% se dedica a la remodelación, el 32% a la construcción y el 19% a la ampliación del inmueble, según Arellano.

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