EEUU anuncia reducción de penas a traficantes de drogas


Incremento. El costo del sistema penitenciario subió a los US$. 80.000 millones el 2010, y desde 1980 la población reclusa ascendió en un 800%.
Washington. La nueva política de lucha antidrogas apuesta a reducir la población de los centros penitenciarios. Pretende acabar la cultura de guerra contra este flagelo para abordar el asunto como un problema de salud pública antes que de seguridad.

El País. Eva Saiz.

El Fiscal General de EE.UU., Eric Hoder, ha anunciado este lunes su propósito de abordar una reforma en el sistema judicial que reduzca sus “desigualdades persistentes”. El primero de los cambios que pretende acometer el Departamento de Justicia es el del procesamiento de los delitos relacionados con las drogas, que pasa, de manera inmediata, por ordenar a los fiscales que no exijan penas mínimas obligatorias a los procesados por delitos menores de narcotráfico que no estén relacionados con bandas criminales o cárteles. Este cambio se enmarca dentro de las directrices de la Administración que aspiran a reducir la población reclusa y a acabar la cultura de la guerra contra las drogas para abordar el asunto como un problema de salud pública antes que de seguridad.

“Cierto tipo de delincuentes menores y no violentos que no tienen ningún lazo con organizaciones criminales a gran escala o cárteles ya no serán procesados por delitos que lleven aparejada una pena mínima obligatoria”, ha anunciado Holder ayer en San Francisco en un discurso ante el Colegio de Abogados de EE.UU. Desde su implantación durante la década de los 80, la pena mínima obligatoria se convirtió en EE.UU. en una de las herramientas más utilizadas para la lucha contra el crimen derivado de la droga. Holder se ha referido ayer a esta medida, cuya efectividad lleva poniendo en cuestión en los últimos meses, como “draconiana”.

La decisión de erradicarla de la práctica de los fiscales es una victoria de los grupos de derechos civiles que denuncian que este tipo de condenas de larga duración tienen un efecto devastador entre las clases sociales con menos recursos y las minorías.

“Miles de ciudadanos están atrapados en este círculo vicioso de pobreza, criminalidad y encarcelamiento que ha exacerbado el problema en lugar de solucionarlo”, ha señalado Holder.

Situación penitenciaria

Mientras la población estadounidense ha crecido en un tercio desde 1980, la reclusa se ha incrementado en un 800%.

De los 2,2 millones de personas encarceladas, más de la mitad lo está por delitos relacionados con drogas, de acuerdo con el Censo de 2010. El coste del sistema penitenciario en EE.UU. ascendió a los 80.000 millones de dólares ese mismo año. Muchos sostienen que el procesamiento por delitos que acarrean una pena mínima obligatoria es el principal responsable del alto número de reos en este país, que concentra el 5% del total de internos de todo el mundo.

La obligación de imponer una pena obligatoria mínima –que oscila entre los cinco y los 10 años en función de la cantidad y del tipo de droga requisada– impide a los jueces poder establecer una condena adaptada a las circunstancias del preso obstaculizando la posibilidad de la rehabilitación.

Con las nuevas directrices que ayer mismo han empezado a ser remitidas a los fiscales del país, cuando éstos se encuentren ante este tipo de narcotraficantes, acusados por delitos menores, no deberán incluir en el escrito de acusación la cantidad que se les decomisó para no tener que forzar así al juez a imponer la pena específica vinculada con el crimen específico.
A cambio, el Departamento de Justicia impulsará penas alternativas que contemplen la rehabilitación o los servicios sociales, en lugar del encierro.

Descriminalizar el consumo

En el marco de la estrategia de lucha contra las drogas para 2013, la Política Nacional de Control de Drogas del gobierno estadounidense aboga por una reforma de los códigos penales que descriminalice el consumo y que establezca penas alternativas a la prisión y fomente los tratamientos de rehabilitación.

Además, prevé el incremento de los tribunales de drogas, que atienden casos de delitos menores relacionados con estupefacientes y que aplican medidas que enfatizan el tratamiento y la rehabilitación –en EE UU hay alrededor de 2.500 tribunales de este tipo pero sólo juzga al 3% de procesados– y la excarcelación de 100.000 presos no peligrosos para incorporarlos a programas de rehabilitación –del total de la población reclusa, el 53% sufre problemas de adicción, opero solo el 15% recibe tratamiento–.

Claves

cambios. Esta nueva estrategia permitirá la excarcelación de reos ancianos y no violentos, así como extender las condenas a rehabilitación en lugar de a prisión, para reducir el número de reclusos.

Situación. De los 2,2 millones de personas encarceladas, más de la mitad está por delitos relacionados con drogas, según Censo 2010.

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